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18.12.13

La ventanita de los sueños XXX - Parte II

Estaba bastante apurada. Recién llegaba de la psicóloga, y tenía que irme a cenar a la casa de una amiga. Hacía mucho calor, y varias calles del barrio estaban sin luz. Yo había sufrido un corte de un par de horas el lunes a la tarde, pero nada que unas cervezas en el balcón no pudieran pacificar. No estoy segura de haber conjugado bien los verbos de la frase anterior, pero la idea se entendió.
Llegué a casa un poco bajoneada por una de esas sesiones donde te das cuenta de algo que preferías ignorar. Siempre creí que la ignorancia y la felicidad iban de la mano. Hoy sé muchas cosas de mí, algunas lindas, otras mierdas, y les aseguro que la única manera de ser feliz es conociéndose y aceptándose a uno mismo, por más horrible que sea atravesarlo.
Pero en este caso, venía con la cabeza a mil pensando en las inseguridades que me genera mi cuerpo. Sería muy exagerada si dijera que soy la persona más fea del mundo, pero si me das 10 segundos te puedo mencionar 50 defectos. O cosas que a mí no me gustan, por ejemplo, celulitis. Ya se que todo el mundo tiene celulitis, pero en esta etapa egocéntrica, me cago en ustedes, sus culos celulíticos y sus papadas, y solo reniego de lo mío. Como dije antes, tenía que irme a cenar a la casa de una amiga. Una de esas amigas a las que le podes caer en pijama y el pelo listo para escurrir y hacer milanesas, y no le va a importar. Abrí el agua caliente y mientras esperaba, agarre algo cómodo y fresco, aunque nada combinado ni sexy, para ponerme y lo dejé arriba de la cama. Entré al baño, me saqué la ropa y dediqué un minuto a mirarme al espejo, a ver si encontraba algo con lo que no me sintiera acomplejada. No encontré nada, y me tranquilicé pensando que soy joven y fértil (creo), y que por ahora es lo único por lo que no me preocupo. Con mi mejor cara de desconsuelo entré a la ducha. Templé un poco el agua, y me metí abajo de la lluvia de la ducha, pensando que recorre todo mi cuerpo sin juzgar mi culo kilométrico, o si estoy depilada o no. Me tomé unos minutos para relajarme abajo del agua, tratando de sacar esos pensamientos negativos de mi cabeza, dejando que se vayan por el desagote de la bañadera. Respiré profundo, y me decidí a empezar el ritual del baño, soy muy estructurada con eso: primero el shampoo, después el jabón de cara, después enjuagarme todo eso, después la crema de enguaje, el cepillo de pelo para desenredar los nudos, y por último el jabón de cuerpo, y asegurarme que no quede nada sin repasar.
Con el shampoo en la mano, me agarró una sensación extraña. Esa que tenés cuando sentís que alguien te está mirando. No sabía quién, ni de donde, pero sabía que tenía un par de ojos sobre mí. Mientras masajeaba mi pelo haciendo espuma y pensando en no dejar ninguna parte de la cabeza sin lavar, concentré mi mirada en la ventana. Mejor dicho, en lo que veía por la ventana. Buscaba ese par de ojos, rogando encontrarlos solamente para no creer que estaba loca. Los fondos de las casas linderas estaban vacías. Supongo que por el calor. Nadie tiene pileta, y aunque ya era tarde, todavía había sol, y no se aguantaba el calor en la calle. Un poco decepcionada, seguí con mi ritual. Me lavé la cara, me enjuagué el shampoo, y pasé a la crema de enjuague. Seguía con esa sensación de que alguien me observaba, que no me dejaba tranquila. Mientras me peinaba, lo descubrí. En el edificio que se ve en diagonal, había un pibe asomado a la ventana mirándome. Digo pibe porque hombre o señor suena más a viejardo, y se notaba que era joven. No se, tendría al rededor de 30 años. Estaba en cuero, me miraba fijo, y tenía una sonrisa más pícara que pervertida. Estaba disfrutando de contemplarme, y no osó disimular cuando cuando nuestras miradas se encontraron.
¿Realmente quieren saber que pasó?

17.12.13

La ventanita de los sueños XXX - Parte I

Hace 3 años me mudé sola a un departamento de lo que más me convencía. Tengo ese miedo boludo de estar en un edificio y sentir que si miro por la ventana, se va a caer. No derrumbar como un jenga, sino caer como si tuvieras los pies pegados al piso, las manos atadas al cuerpo y alguien te empujara. Por eso no miro mucho por la ventana cuando visito departamenos, y por eso elegí éste, lo siento estable. Es una especie de duplex, en un edificio de 5 pisos, con 8 departamentos. Cuando me mudé estaban todos libres así que pude elegir. Los primeros 6 me gustaron mucho, pero cuando entré al 7mo me enamoré. Un ambiente amplio (aunque incómodo para acomodar muebles) que incluye cocina, living, comedor, un ventanal enorme a un balcón donde entra una mesa de pool, un bañito y una escalera que te lleva al cuarto principal. Justamente por eso es incómodo para poner muebles: una pared es todo ventanal, una pared es todo escalera, una pared es todo cocina, y en la otra tenía que poner todo lo que necesitara pared atrás.
Solo había tres cosas que no me convencían del departamento: la orientación al oeste sin ninguna construcción que tape el sol de 14 a 20 hs (que lo solucioné con un toldo, unas cortinas de blackout y un aire acondicionado), que el techo de mi habitación esté justo abajo de la pileta (que lo solucioné confiando ciegamente en el constructor), y que en el baño principal, más precisamente en la ducha, haya una ventana de 50x90. Sisi, la bañera tiene cortina de un lado, y ventana del otro. No es que suela ser exhibicionista, pero no me parecía tan grave, considerando que da al pulmón de manzana, y que no hay edificios enfrente. Solo hay un edificio 30m a la izquierda, y nunca vi a nadie asomarse por una ventana.
Generalmente la gente cuando lo conoce, me pregunta porqué no tapo la ventana con algo, si no me da vergüenza que me vean de afuera, si me excita pensar que alguien puede estar mirándome, etc. Me dieron mil consejos de cómo solucionar un problema en el que nunca consideré invertir ni plata, ni tiempo físico o mental.
En los 3 años que llevo bañándome diariamente (ponele) nunca me intimidó la ventana. Nunca vi a nadie. Nunca me preocupé por mostrar mis pechos al pulmón de manzana. Hasta hoy, que tuve la experiencia más erotizante que podía imaginar.
¿Quieren que se las cuente?

11.12.13

Maru+Maru+Maru+Maru=Maru

Los últimos meses tuve la no suerte de pasar por un momento choto que me llevó a necesitar una licencia psiquiátrica. Esa es la visión de la Maru (si, ya votaron que me siga llamando así, váyanse a la mierda) depresiva. Por suerte, tengo otra Maru adentro también. Es más, somos varias.
Y una de esas es ambiciosa. Decidió que no quería trabajar toda su vida en relación de dependencia, y aprovechó el tiempo libre que le llegó sin buscarlo. Se puso las pilas con el emprendimiento que heredó (junto con un ipod, una casa llena de recuerdos y el corazón destrozado) de una relación que no funcionó.
La Maru depresiva, que todavía no terminó de morir con la medicación, le grita de a ratos para qué. Para qué tanto esfuerzo si es más cómodo la estabilidad de un trabajo fijo y un sueldo a fin de mes. Para qué tener ambición, y darle tantas posibilidades de protagonismo al fracaso. Para qué meter la cabeza en la boca del león. O del lobo, no se como es el dicho.

4.12.13

Sin repetir, y sin soplar: miedos absurdos


  • Que me apunten con los pies. Si un pie me apunta, no me puedo concentrar en nada más. Cualquier cosa que pueda salir de ahí, iría directo a parar a mí. Si estoy en confianza, le pido a la persona que me deje de apuntar, pero si no, me retuerzo para que la línea que se extiende de ese pie, no toque ninguna parte de mi cuerpecito. Una vez se lo tuve que pedir al psicólogo, porque no había posición y no podía dejar de mirarlo.
  • Hacer pis con la puerta cerrada, y que después de tirar la cadena (mientras sigue el ruido del agua), al abrir la puerta esté la virgen. Mi teoría es que una vez lo soñé y quedé traumada, pero como suelo inventar cosas, no lo puedo asegurar. La solución es mear con la puerta abierta cuando estoy sola, o abrir la puerta antes de tirar la cadena si hay gente.
  • Dormir en el medio de la cama. Tengo una cama de 2x2m, me siento como en el medio del océano.
  • Que se abra el ascensor y haya un muerto adentro. No sé, no sabría que hacer, mirá si llamo al 911 y creen que lo maté yo!!! Y mirá si el asesino sigue en el edificio!!! Tengo que dejar de mirar tanta tele.
  • Morder una empanada y que tenga morrón. Siempre pregunto antes de pedir, pero el momento previo al primer mordisco me sudan las manos, porque de eso depende mi humor el resto de la noche.
  • Poner el pie en una zapatilla y que haya algo que no me deje llegar al final. De chica me pasó con una cucaracha voladora. Imaginate, 6 años, 7 am, me visto para ir al cole y algo no me deja terminar de poner el pie. Fue horrible. Ahora chequeo a diario.
  • Hacer hipnosis y descubrir algo reprimido super heavy. Capaz me violó un cura de pendeja, como a Ventura. O capaz en otra vida fui asesinada de una forma muy fea. Obviamente, el único objetivo es buscar traumas nuevos, porque los actuales ya me los se de memoria y me aburrieron.
  • Que mis hijos me parezcan feos. No creo en esa teoría de que las madres nunca ven feos a sus hijos, ni que los aman igual. Yo no voy a amar a un pibe feo, y es un tema que me preocupa mucho, porque mis genes no son lo más copado que puedo aportar.
  • Que se caiga un edificio. No que se derrumbe. Me da miedo estar mirando por la ventana y ver que me voy acercando al piso hasta que BUM. No se si alguna vez pasó algo así, pero bue, por eso son miedos absurdos.
  • Que esté Riberito abajo de mi cama. Desde chica le tengo un pánico terrible a este hombre, y lo peor es que es más probable que aparezca él, que algún fantasma, o un zombie. Tiene sentido.
  • Que Yabrán se quiera esconder en mi casa. Era chica cuando murió, y los rumores de "seguro se tomó el palo, y el fiambre no era de él" me traumatizaron de más. Al principio pensé que se escondía en la bañadera de la casa de mi abuela, y como la mampara era oscura, no lo veía, conclusión: no podía ir a hacer pis sola. Por suerte se mudó, pero uno nunca sabe las vueltas de la vida con quien te van a cruzar....