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22.4.15

Que tu hija fume es perjudicial para la salud

Mi vicio empezó a la temprana edad de 8 años. En ese momento decidí que era el vicio que quería tener el resto de mi vida. La persona más cercana que fumaba, era la mujer de mi papá, y yo amaba los fines de semana cuando me dejaba manejar el encendedor para prenderle un pucho, de la misma manera que mi mamá odiaba los domingos a la noche cuando volvía llena de olor en el pelo y la ropa. Obviamente no me dejaban fumar, pero controlaba mi ansiedad sabiendo que tarde o temprano iba a poder decidir por mi misma. Y así, a los 13 años probé mi primer cigarrillo, acompañada por mi prima. Creo que para ese entonces la jermu de papá ya no fumaba (o lo hacía a escondidas, ejem, no soy tan boluda), pero teníamos un tío abuelo que fumaba muuuuuuuucho. Uno de los tantos almuerzos familiares de domingo en la casa de mis abuelos, con mi prima llegamos a la conclusión de que hacernos las que peleabamos en el balcón para llamar la atención de los vecinos había pasado de moda, y teníamos que redoblar la apuesta. Mientras una distraía a la familia mirando para un lado, la otra iba por abajo de la mesa, y robaba una colilla apagada del cenicero. Si si, lo que leyeron. Fumabamos los restos. Me acuerdo que era enero. No tiene nada que ver con nada ahora, pero ya va a tener sentido. La cuestión es que tuvimos nuestra primer experiencia con el tabaco con puchos usados.
En ese momento era una travesura de pendejas, pero a los pocos meses empecé el secundario, y ya estaba lista para comprar mis propios puchos como nena grande. Ese primer atado me salió $1,20. Phillip Morris común. Y ese primer atado, fue el que mi mamá encontró la primer noche que durmieron conmigo. Así de boluda soy. Obviamente me comí tremenda cagada a pedos. Pero no solo no dejé de fumar, sino que seguí haciendo idioteces como fumar encerrada en el baño con el extractor prendido creyendo que nadie se iba a dar cuenta. Otra cagada a pedos importante.
Así pasaron los años y los intentos de mis padres para que dejara ese horrible vicio. Olvidate, el tabaco y yo estábamos destinados a estar juntos. A los 18 años lo aceptaron, y empezaron a dejarme fumar en su presencia, pero solo en lugares públicos, o fechas especiales y no me miraban. "Si no te veo no está pasando".
Un día, dejé. Así como quien dice que no quiere volver a comer tomate, que también me pasó. Pero cuando me fui a vivir sola, dos años después, sentí la necesidad de fumar en mi casa, cosa que nunca me habían dejado hacer. Durante dos meses fumé mientras cocinaba, mientras cagaba, mientras miraba tele, mientras me depilaba los bigotes, todo el tiempo. Tanto, que me dio asco y volví a dejar.
Y una vez más, después de otro bache de dos años, me dieron ganas de fumar otra vez. Empecé a fumar mucho y comer muy poco, y un día sentía que tenía prendida fuego la garganta. Sí, de bajar de peso ni hablemos. La llamo a mi vieja para ver que podía tomar:
- qué hacés ma, todo bien? (con voz de dar lástima para que me traiga un remedio)
- si chu, qué pasó?
- nada, que creo que tengo acidez.
- QUUUUUUEEEEEE?????
- ay ma, eso, me quema la traquea, faringe, esófago o lo que mierda sea, qué hago?
- PERO ESOS SON LOS SÍNTOMAS??? CÓMO SABES???
- no, no se ma, por eso te llamo para que me digas que hacer, nunca tuve, y no se que tomar.
- MARIANA VOS ME ESTÁS CARGANDO QUE ME LLAMÁS ASÍ Y ME DECIS QUE TENES HIV???

Palmas para mamá.