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12.7.15

Feliz domingo para todos

Domingo 18:52, llueve. Con esto hubiera sido suficiente para deprimirme, pero además estoy trabajando mientras escucho funcionar el lavarropas. Y me siento terriblemente bien. Tal vez porque mientras trabajo, veo Tiempo de valientes, le hago mimos al gato, tomo un capuccino sabor mousse de chocolate y avellanas, y pienso que cocinar para la cena. O tal vez porque hasta ayer mi lavarropas no funcionaba. Y cuando vivís sola y acabas de tarjetear en 4 cuotas un choque del auto, y en 3 meses te vas de viaje, lo último que querés es que te rompan el orto con un arreglo doméstico, y mucho menos quedarte sin lavarropas. Y volví a tenerlo por la módica suma de 1 vinito que le dí en agradecimiento al vecino de mi vieja que, a pesar de ser su laburo, no me quiso cobrar por arreglarlo. O tal vez porque estoy valorando mucho el hecho de no tener la resaca horrenda que tuve ayer. O tal vez son los antidepresivos. Chiste, no tomo eso. Los domingos.
Y este domingo, con lluvia, lavarropas, trabajo y todo, es de los mejorcitos. Hace unos meses, en otro capítulo de "Conocer gente en apps: why not?" tuve un domingo mucho más deprimente.
Se vencía la orden que me había dado la médica clínica para hacerme análisis. Si o si tenía que estar el lunes a las 8 en Esmeralda y Diagonal Norte. La idea de este control, era ver si me habían bajado los niveles de colesterol y trigliceridos, que después de un verano a pura birra y picada, me dejaron más cerca de Cuestión de Peso, que de un jean de Wanama. Así que los últimos meses prácticamente no bebí, y comí más sano. Todo esto viene a que me pareció que no daba para escabiar mucho la noche anterior, y eso fue lo primero que pensé cuando un pibe con el que había estado chateando me dijo de salir a cenar. Conocer a alguien por primera vez sin beber, es un fracaso asegurado, pero le dije que sí.
Buscando lugar para estacionar, pasé un par de veces por la esquina donde nos íbamos a encontrar y lo vi parado contra un árbol. Podría describir los 50 detalles que hicieron que ya en ese momento no me guste para nada, pero se está quedando sin pilas el teclado, y ya me pone nerviosa escribir y corregir.
Estaba en el baile, tenía que bailar. Eeeeeesa jaja. Una vez sentados, decidí que no podía con eso sin una birra. Pedí una ensalada, que no terminé porque el pibe comió tres bocados y se llenó, y comer sola es un embole. Además se había terminado la birra, y ya no sabía como pilotear el embole que me estaba pegando, y no quería otra. Me tenía que ir urgente. Miraba el reloj, y pensaba que cada minuto ahí, era un minuto menos en mi cama jugando al Candy Crush. Ya no juego, pero a ese nivel de aburrimiento me parecía un planazo. Esperé hasta que la cita cumplió su hora y media entre conversaciones sobre autos y el clima. En un momento me encontré chateando con una amiga en silencio, y el pibe callado con cara de nada. Decidí que tenía que usar el llamado de emergencia, que siempre se planea en joda pero jamás había usado. Me moría de risa de solo pensar que tenía que pedirle a alguien que me llame, actuar una conversación, e inventar una excusa más creíble que "Se le murió el hamster, tengo que irme". Así que utilicé la tecnología a mi favor: dije que justo me había llegado un audio de mi vieja, y me puse el teléfono en la oreja, tapandome la otra y poniendo cara de que no entiendo nada. No sabía que excusa iba a poner, me pareció divertido improvisar. A los pocos segundos, me saqué el teléfono, y con el ceño fruncido dije lo primero que se me vino a la cabeza: "Mi abuelo tuvo un ACV. Vive en Monte Grande. Mi vieja está yendo con él en una ambulancia a una clínica en Avellaneda. Van a demorar un poco, pero me tengo que ir. Qué agarro desde aca? Me conviene Av. Corrientes hasta el obelisco, no? O habrá mucho tráfico? Capaz debería ir por adentro. Uf, jaj no puedo creer que mi abuelo tuvo un ACV ja.. jaja.. jjjj... JAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJ jjaja fiuuu, bueno. Ahí está la moza. Disculpame, me traes la cuenta por favor? Che, estaba rica la ensalada. Bueno, vamos?" Y recién respiré cuando llegué a casa y me di cuenta que no me había seguido hasta ahí para desenmascararme y hacerme sentir un sorete por usar a mi abuelo muerto para escaparme de una cita.
Así que este domingo de lluvia, lavarropas y trabajo, es tan bueno que me senté a escribir sobre él.