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6.2.12

Crónica de un embarazo anunciado

Lo más interesante que dijeron las cartas sobre mí, era que me iba a embarazar. Y cuando una no tiene trabajo, ni nada en qué ocupar sus pensamientos, necesita hacer un mundo de cada gilada que pasa. Le mandé un mail a mis amigas que estaban de vacaciones fuera del país: "Como andan? si están al pedo y tienen ganas les cuento sobre mi reciente embarazo, avísenme". Buscar fama, se llama eso. Si les quería contar, les contaba. Solo me quería hacer la interesante porque ellas estaban en Brasil y yo no tenía ni UNA novedad para contarles. Bueno, sí, el chico con el que estaba me había dejado, pero ustedes no me conocen, me gusta llevar las cosas a su extremo más dramático.
Quería que se comieran la cabeza esperando mi siguiente mail, pensando nombres y peleando por quien iba a ser la madrina. Que tiren barro y solucionen las cosas como yo lo hubiera hecho porque, repito, me gusta llevar las cosas a su extremo más dramático. No pasó nada. Ni pelota me dieron. Era jueves y me tenía que venir el lunes. Se barajaron varias posibilidades: esperar al lunes para preocuparnos, hacerme un (otro) evatest, meterme un par de agujas de tejer y hacer de cuenta que nada pasó, etc. Lo más lógico era esperar. Pero, se acuerdan de lo dramático? bueno, lo de las agujas me parecía muy tentador pero se contradecía con no haber querido tomar la pastilla del día después porque "quiero cuidar mi cuerpo". Eso nunca lo dije pero lo pensé. A eso le siguieron 5 días de nervios, suposiciones, listas de nombres y muchos tutoriales de "como tejer escarpines" y googleadas de "está mal vestir a un bebe de negro?". Me crecieron las tetas, se me endureció la panza. No tipo abdominales,  eh. Más bien tipo constipación de un bebé. Me habían llenado la cocina de humo y lo único positivo que encontraba era que no iba a tener que comprar toallitas y tampones por mucho tiempo y que al menos, había disfrutado el garche. Porque siempre con mis amigas pensamos que nada podría ser peor que quedar embarazada en un encuentro frustrado con uno de los llamados "mete-saca". Es ese grupo de hombres que te estimula al pedo. Que calienta la pava pero no toma el mate. Que no termina lo que empieza. Sí, existen muchos de esos. No son todos tan guachos pistolas mojadores de bizcochos como se creen. Y tener un hijo, fruto de eso, sería un bajón. No era mi situación, gracias a Dios. En este caso podemos traducir "Dios" a "una buena verga". Bueno, estaba teniendo esos síntomas. Tetas grandes y panza dura. Habiendo decidido esperar, me hubiera servido mucho que alguien me tirara pensamientos positivos. Tipo "che, Maru, siempre cuando te está por venir te crecen las tetas y se te endurece la panza, no flashes cualquiera. Y ni se te ocurra ponerle Santiago, así se va a llamar mi hijo". Minga, te hubieras embarazado antes si querías prioridad en los nombres, mi amor. O alguien me podría hambre mandado aunque sea un mail diciendo "mirá Maru, la naturaleza es sabia, vos no estás preparada para ser madre, no tenes dos dedos de frente, sos una inestable de mierda, insensible y el cuerpo se da cuenta, no vas a estar embarazada. Y también hicimos apuestas sobre cuanto tiempo falta para que te tomen las medidas para un chaleco de fuerza animal print. Nos tomamos la libertad de pedirlo animal print, ojalá te guste". Nadie me decía nada. Capaz se habían dado cuenta de la terrible pelotudez con la que me estaba enroscando y no quisieron hacer alboroto. Menos mal, porque ese mismo lunes me vino y se fueron los planes de a tres. Y de a dos. Y todo volvió a la normalidad. Y mi menstruación estuvo en boca de todos. No literalmente.

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