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10.5.11

Hasta que la muerte nos junte

Toda mi vida tuve problemas con la esposa de mi papá. Y esta vez no estoy exagerando. Desde que tengo 3 años ella existe en mi vida y creo que desde los 6 ya nos odiamos. Siempre nos hicimos la vida imposible mutuamente. Desde que me mudé, fui muy pocas veces a la casa de mi papá para evitar verla. Ni siquiera terminé de llevarme todas mis cosas. Pero la semana pasada, mi hermano iba a cenar con ellos y no podía dejarlo solo así que fui. Fui más temprano para aprovechar y sacar con la memoria externa, todas mis cosas de la computadora que dejé y no voy a usar más. Pero no solo mi papá no estaba y me tuve que fumar su cara de orto por tener que abrirme la puerta, sino que cuando subí a mi cuarto, lo había convertido en un taller de pintura. A ver, mi hermano hace 3 años que no vive más en esa casa. Pero no, la habitación del príncipe sigue intacta. Ok, no estoy en condiciones de quejarme por eso, porque en definitiva ya me fui y no pienso volver nunca más. Pero si quisiera/necesitara volver, no tendría habitación. Sacando este tema que me fastidia bastante, el problema era que mi computadora estaba en un rincón y tenía TANTAS cosas adelante que, de nuevo no exagero, no pude llegar ni a prenderla. Cuando llegó mi papá le dije que sacara todas esas cosas que me iba a llevar la compu.
Así que ahora, en el medio del living, además de tarros de pintura, piedritas de gato, dos mesas, 3 sillas, 1 sillón, 1 mueble, 1 corpiño (juguete de mi gato) y mucha mugre, tengo una computadora y una multifunción. No estorba para nada. Anoche, mientras esperaba que se hiciera la comida, aproveché para pasar toda mi información a mi compu nueva y tratar de venderla. Obviamente, lo que podría haber sido un rato de copiar y pegar, fueron horas mirando fotos y leyendo archivos de word que cuando era más chica, eran como mi diario íntimo. Me deprimió un toque ver que era bastante depresiva. Siempre todo estaba mal, y yo era una incomprendida social. Y había un archivito que me asustó. Hablaba de que me quería suicidar, pero que no tenía coraje para hacerlo. Y que además, lo había hablado con mi mamá y ella me dijo que se sentiría muy mal si yo me suicidara y por eso no podía hacerlo. Y creanme, no tengo recuerdos de eso. Terminaba diciendo que lo único que iba a hacer de mi vida era planear mi muerte ideal y esperar que llegara. Saben cuál era mi muerte ideal en ese momento? Construir una pared con pinches gigantes y chocarla arriba de una moto (sin casco) a toda velocidad. Chaaaaau, en esa época sí que era exagerada. Por suerte, medio que superé esa etapa. Ya no me quiero morir, ya no quiero chocar con una pared, sí acepto lo de andar en moto. Ahora mi muerte ideal sería explotar en mil pedazos en el medio de un piquete y cagarles el piquete a los malditos piqueteros que me cagan todos los días. O no se, en realidad no me gustaría morirme todavía. Lo único que me deja tranquila, es que sea como sea mi muerte, mi hermano menor se va a encargar de hacerme descansar en paz: "cuando te mueras, voy a tirar tus cenizas adentro de una botella de cerveza y la voy a meter en el freezer". Gracias gordi, vos sí que sabes.

1 comentario:

Dark Knight dijo...

Ah, como te entiendo. Yo odio a la esposa de mi viejo, de chiquito le tenía medio, ahora simplemente no la tolero, y mi viejo está hecho cada vez más un pollerudo :(.
Buena suerte =)