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11.4.11

El amor de la vida de alguien más - PARTE III

A los pocos días, después de una serie de mensajes de texto (que no recuerdo pero probablemente inicié yo) arreglamos para vernos. La cita iba a ser un jueves después del trabajo. Y resulta que yo siempre tengo ideas fantásticas para las citas y le pedí si me acompañaba a una farmacia (de esas cadenas de farmacias, pero las berretas, no Farmacity) a gastar un vale que me habían dado en el trabajo. O sea, le dije que me iba a acompañar una vez que ya nos habíamos encontrado, ya estaba arriba del auto y ya se había dado cuenta de que yo estaba con una compañera de trabajo que también tenía que ir. Pero el pibe es tan despreocupado y copado que ni le importo, se cagó de risa, me ayudó a elegir una planchita de pelo para mi mamá y al ratito nos fuimos. Ahí, cuando la situación se transforma en una cita normal, ahí es cuando yo dudo. No se que hacer, que decir ni donde ir. 
No me acuerdo bien como lo resolvimos pero terminamos yendo a un barcito cerca del río, estacionamos en una calle oscura y llovía un montón. Eso lo inventé, no se si llovía pero es un lindo adorno a la historia. En ese momento me propuso fumar antes de bajar. Inicialmente dije que no, pero ya les expliqué, tengo el síndrome del "sí fácil" y terminamos encerrados en el auto creyendo que eramos dos insectos de la época prehistórica y que si salíamos de ahí iba a haber dinosaurios malos y gigantes esperando para comernos. Sí, así de pelotudo como suena, fue muy divertido. Nos reímos sin parar durante horas y realmente, vivimos como insectos prehistóricos por un rato. Pero pronto tuvimos la necesidad de tomar algo, comer algo y hacer algo de pis. Pero no quisimos ir al bar donde pensabamos ir, fuimos a una estación de servicio, tramitamos nuestras necesidades y volvimos al auto. Pero esta vez al asiento de atrás. Yo me excusé de que estaba incomoda y me saqué las botas. Él se desabrochó el jean. No se si hace falta que detalle lo que vino después. Vino lo que tenía que venir. Sin exagerar, fue un gran gran garche. Claro que ese fue el día en el que Nueva Zelanda desapareció de mi mapa.
Se imaginarán que si el día que lo conocí yo proyecté casamiento, para ese momento ya estaba pensando que ropa me iba a poner para conocer a su familia y buscando lugares donde pasar nuestra luna de miel. Me encantaba: tenía una sonrisa hermosa, manos grandes, me hacía reír, era simple y teníamos buena química sexual, fundamental. Si hubiera estado ebria probablemente le hubiera dicho que lo amaba. ¿Ya dije lo genial que estuvo el garche?
Esa cita terminó ahí, cuando nos quisimos dar cuenta era la 1 am y al otro día ambos teníamos que trabajar y no parecer zombies.
Pasó 1 día... 2... 3... yo ya no podía aguantar la ansiedad. Necesito que las cosas pasen ya. Traté de aguantar lo más que pude y el martes de la otra semana le mandé un mensajito:
- ¿Cómo andassss? nos vemos el finde?

Continuará...

2 comentarios:

María Antonieta de Austria dijo...

che pero estuve bueno el garche? jajaja

Marian dijo...

IN-CRE-I-BLE