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18.6.11

De porqué preferí conservar mi cama de una plaza

Me despierto y alguien está husmeando en mi tanga. Ya de por sí, la idea no me entusiasma tanto y cuando me doy cuenta de que es mi gato que le está arrancando las lentejuelas con los dientes, mucho menos. Paren, tengo una explicación para eso. Hace unos años, cuando superé la etapa de "hobbie: charlar" para caer en la etapa "Fan de: el color fucsia", una amiga me regaló un kit de cosas inusables. Inusables pero fucsias, por ende las amé. Entre ellas, había una tanga con la palabra "sexy" bordada en lentejuelas. Todo muy mersa como me gusta a mi. Desde que me fui a vivir sola y tengo que lavar mi propia ropa, suelo usarla de back up, está en la lista de cosas que "menos mal que nunca tiré". Eso es mentira, siempre la usé y la amo, pero quería dejarles una imagen un poco menos cabeza de mí. Entonces, volviendo al tema, me desperté y mi gato intentaba arrancarme lo sexy de la tanga.
Ahí me puse a pensar que eso solo podría pasarme con mi gato porque odio dormir con gente, y que ese bordado es lo único sexy que tengo. Y que eso es muy triste. Y que según mi hermano soy "la mina más copada" que conoce, pero no "la mina más sexy" que conoce. Y que menos mal, porque eso sería incestuoso. Y que obvio, cuando era muy muy muy chica, me gustaba mi hermano, así que podría devolverme la gentileza. Y que siempre fue mi ejemplo a seguir. Y que cuando era chica me hacía rabiar mucho. Y que una vez me grabó roncando y después se rió mucho en mi cara. Y que por eso odio dormir con gente, porque no puedo dormir pensando en lo alto que debe estar el volumen de mi respiración. Y que no podría soportar otra grabación de esas. Y que por eso tengo un gato.

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